El Plan Cuautla fue presentado como una estrategia de intervención especial. Hoy, un crimen que conmociona a México y España obliga a preguntar si la estrategia está funcionando realmente
CUAUTLA, MORELOS.— Las autoridades pueden hablar de coordinación, despliegues, inteligencia, operativos y mesas de seguridad.
Pero hay momentos en los que los discursos dejan de ser suficientes.
El asesinato de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española de 21 años que realizaba un intercambio académico en Morelos, vuelve a colocar a Cuautla frente a una realidad que ninguna estrategia de seguridad puede esconder detrás de un comunicado.
Claudia fue asesinada el sábado mientras se encontraba en Cuautla. El caso es investigado bajo el protocolo de feminicidio y ha provocado una reacción que ya trascendió las fronteras de México. El Gobierno de España exigió justicia y la Universidad de Granada decidió cancelar las estancias de estudiantes que estaban previstas en Morelos.
Y entonces surge una pregunta incómoda:
¿Dónde están los resultados del Plan Cuautla?
Harfuch llegó a Cuautla prometiendo resultados
El Gobierno federal, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, puso especial atención en Cuautla.
El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, anunció una estrategia específica para el municipio y posteriormente se reforzó el llamado Plan Cuautla con la participación de instituciones de los tres órdenes de gobierno.
La apuesta era clara: más coordinación, inteligencia, presencia institucional y acciones contra delitos como la extorsión.
Incluso el propio Harfuch había presentado avances del operativo contra la extorsión en Cuautla.
Pero la seguridad pública no se puede evaluar únicamente con presentaciones, conferencias de prensa o cifras de detenciones.
Se evalúa en las calles.
Y las calles de Cuautla siguen teniendo una pregunta pendiente:
¿Estamos realmente más seguros?

El caso Claudia es un examen que las autoridades no pueden reprobar
No sería responsable decir que el asesinato de Claudia demuestra por sí solo que el Plan Cuautla fracasó.
Pero tampoco sería responsable hacer como si nada hubiera pasado.
Porque precisamente para eso se diseñan las estrategias especiales de seguridad: para prevenir delitos, reducir riesgos y proteger a la población.
Y cuando una joven extranjera llega a Morelos mediante un programa de intercambio académico y termina asesinada, la sociedad tiene derecho a cuestionar la eficacia de las medidas implementadas.
Por eso, desde una perspectiva estrictamente de resultados, el caso Claudia representa un nuevo examen para Omar García Harfuch y para todo el aparato de seguridad federal y estatal.
Y hasta ahora, el examen está lejos de estar aprobado.
No basta con decir que el crimen no quedará impune
El Gabinete de Seguridad informó que la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, el Centro Nacional de Inteligencia y la Fiscalía de Morelos trabajan en coordinación con la Secretaría de Relaciones Exteriores para esclarecer el crimen.
También aseguró que la muerte de Claudia no quedará impune.
Está bien.
Eso es lo mínimo que se espera de las instituciones.
Pero existe una diferencia enorme entre investigar un crimen después de ocurrido y haber conseguido las condiciones para evitarlo.
Y ahí está precisamente el problema que Cuautla quiere discutir.
Porque una estrategia de seguridad verdaderamente exitosa no debería presumirse solamente por las investigaciones posteriores.
Debería medirse por las vidas que logró proteger.
¿De qué sirve el despliegue si la gente sigue muriendo?
El Plan Cuautla fue presentado como una intervención especial para recuperar la tranquilidad del municipio. La estrategia federal incluso contempla la participación coordinada de distintas instituciones de seguridad.
Pero si después de todo ese despliegue seguimos hablando de asesinatos, violencia contra mujeres y ciudadanos que no se sienten seguros, entonces alguien tiene que explicar qué está fallando.
Porque una estrategia puede tener muchos elementos.
Puede tener presupuesto.
Puede tener vehículos.
Puede tener policías.
Puede tener reuniones.
Puede tener inteligencia.
Puede tener comunicados.
Lo que no puede tener es ausencia de resultados.
Morelos no puede convertirse en una advertencia para quienes vienen a estudiar
Lo ocurrido tiene además una consecuencia que debería preocupar seriamente al Gobierno de Morelos y al Gobierno federal.
La Universidad de Granada canceló las estancias de estudiantes que estaban programadas en Morelos después del asesinato de Claudia.
Eso significa que el problema ya no solamente es de percepción.
La violencia comienza a tener consecuencias sobre la imagen internacional de Morelos como destino académico, turístico y cultural.
Y eso debería encender todas las alarmas.
Porque si una institución universitaria extranjera considera que debe retirar estudiantes de un estado mexicano por razones de seguridad, la pregunta inevitable es:
¿Qué está viendo el exterior que las autoridades mexicanas todavía se niegan a reconocer con suficiente contundencia?
Harfuch tiene una responsabilidad política que demostrar con resultados
Omar García Harfuch llegó al Gobierno federal con una enorme expectativa.
Su perfil como responsable de seguridad en la Ciudad de México y posteriormente como titular de la SSPC generó la percepción de que sería uno de los hombres fuertes de la estrategia de seguridad de Claudia Sheinbaum.
Precisamente por eso, la exigencia debe ser mayor.
No se le puede evaluar únicamente por los discursos nacionales.
También debe responder por los resultados de las estrategias que su dependencia encabeza directamente.
Y Cuautla es uno de esos escenarios.
Si el Gobierno federal decidió intervenir de manera especial en este municipio, entonces tiene que aceptar también que los resultados serán observados y cuestionados públicamente.
Eso es democracia.
Eso es rendición de cuentas.
Claudia no puede convertirse solamente en otro expediente
La muerte de Claudia Tacoronte no puede terminar reducida a un comunicado de condolencias, una investigación y una promesa de que habrá justicia.
Su asesinato debe obligar a revisar qué ocurrió.
Qué falló.
Qué instituciones estaban presentes.
Qué protocolos funcionaron y cuáles no.
Cuánto tardó la respuesta.
Qué información tenían las autoridades.
Y, sobre todo:
¿Por qué una joven pudo ser atacada en una zona donde el Gobierno federal presume una estrategia especial de seguridad?
No se trata de politizar una tragedia.
Se trata de exigir cuentas.
Cuautla merece resultados, no solamente estrategias
La presidenta Claudia Sheinbaum tiene frente a sí una oportunidad para demostrar que su estrategia de seguridad puede producir resultados también en Morelos.
La gobernadora Margarita González Saravia tiene la obligación de exigir que la coordinación con la Federación se traduzca en seguridad efectiva para los morelenses.
Y Omar García Harfuch tiene ante sí una prueba particularmente delicada:
demostrar que el Plan Cuautla no es solamente un anuncio gubernamental, sino una estrategia capaz de cambiar la realidad en las calles.
Porque mientras las autoridades anuncian avances, una joven de 21 años murió.
Mientras se habla de inteligencia, una familia en España está preparando el regreso de su hija.
Mientras se habla de coordinación, una universidad extranjera ya tomó la decisión de cancelar estancias académicas en Morelos.
Y mientras se habla de resultados…
Cuautla sigue preguntando dónde están.
Claudia Tacoronte merece justicia.
Cuautla merece seguridad.
Y las autoridades merecen ser evaluadas por una sola cosa: sus resultados.
Porque en materia de seguridad, los comunicados no salvan vidas. Los resultados sí.
